Quiénes somos

Sobre el eje Teoría Crítica de la Sociedad, Educación, Democracia y Ciudadanía, ha girado la formación académica, el desarrollo de una perspectiva de pedagogía y filosofía de la educación, la investigación en el ámbito de las ciencias de la educación del grupo, como así también acciones de vinculación y cooperación con otros equipos de investigación de Argentina y Brasil.


Radicado en el Núcleo de Estudios Educacionales y Sociales (NEES) de la Facultad de Ciencias Humanas (UNCPBA), el grupo está dedicado a estudiar problemáticas pedagógicas y filosóficas, más específicamente en el área de Filosofía de la Educación, con especial atención a los fenómenos del desenvolvimiento de las democracias contemporáneas y de los modelos de ciudadanía que les corresponden.


Nos une una perspectiva de teoría crítica de la sociedad desde la cual reconstruimos una mirada sobre lo educativo como práctica formativa, ética y política, con un sentido emancipador. Esta perspectiva es interpelada y puesta en diálogo con la tradición del pensamiento de educación popular latinoamericano, especialmente, la pedagogía de Paulo Freire.


Cuando hablamos de educación nos referimos esencialmente a una práctica social, a un proceso de interacción singular entre sujetos con objetivos claramente delimitados de tipo político, cultural, económico etc. Integración y cohesión social, socialización de los más jóvenes, reproducción económica y transformación social son algunas de las misiones que se le han atribuido. La Pedagogía, como saber, remitía a veces de manera explícita y muchas veces implícitamente a un universo normativo conformado por la noción del progreso social y la perfectibilidad de la naturaleza humana que, asentados sobre una idea de razón compleja, autorizaban a pensar en una sociedad de hombres libres e iguales o dicho de otra manera en una sociedad emancipada.


Ese marco de referencia valía tanto para las teorías clásicas de educación, Rousseau o Kant, entre otros, como para aquellas que las criticaban desde diferentes perspectivas. La historia de la pedagogía da cuenta de estas alternativas. Para llevar adelante esta enorme tarea en las sociedades modernas, diversas y de cambio acelerado, la educación se sistematizó y con ello se constituyó en una parte fundamental de cualquier sociedad no tradicional. Analizar la praxis social implica necesariamente tener en cuenta la práctica educacional definida por un tipo de interacción particular entre diferentes actores sociales.


Ahora bien, la educación también se constituye a partir de una reflexión teórica que abarca temáticas recurrentes, aunque su tratamiento vaya cambiando. Entre estas, y sin pretender agotar la lista, podemos destacar la relación entre educación y sociedad, educación y democracia, educación y ciudadanía, así como la incidencia de ese proceso sistemático sobre la configuración del modelo de democracia o del modelo de organización política. Diríamos que, en ese amplio espectro en que la educación se relaciona con la sociedad, puede encuadrarse el objetivo político de contribuir con la profundización de la democracia y con la formación de la ciudadanía.


Sin embargo, la necesaria reproducción de la sociedad no debería hacernos perder de vista la responsabilidad de la educación en la transformación social. Es en este punto donde se justifica plenamente la idea de referenciarnos en la Teoría crítica de la sociedad. Si de hecho, hemos perdido de vista la responsabilidad de la educación en la transformación social es porque la hegemonía teórica de un modelo tradicional de producción del conocimiento se extendió bajo el manto de la impotencia y de la aceptación de lo dado como inevitable. El pensamiento único fue y aún lo es en muchos ámbitos, una mezcla de tranquilidad de conciencia y comodidad que nos permite insistir una y otra vez con lo mismo, en un espacio académico que todavía no se preocupa por esa incansable repetición. La auto-referencialidad, con la que se ha abordado el estudio de lo educacional en las últimas dos décadas, muestra la ruptura entre una buena parte de la producción académica y el rumbo siempre cambiante pero definitivamente sugestivo de la realidad social y política.


La consecuencia de sostener una postura transformadora culmina en una utopía que distancia, cada vez más, el diagnóstico del tiempo presente de la posibilidad de transformación social; razón por la cual la crítica-utópica termina muchas veces por reproducir aquello que critica. La Teoría crítica de la sociedad hace hincapié en la necesidad de una crítica inmanente que pueda -en el mismo diagnóstico del tiempo presente- plantear el déficit de racionalidad que expone la crisis y revelar las señales de emancipación.


Nótese que hablamos de una emancipación que no está estructuralmente bloqueada. Cuando la teoría crítica de la educación se asienta sobre una crítica-utópica contribuye con la reproducción de aquello que critica, por un doble motivo: a) por la imposibilidad de orientar la acción con sentido emancipatorio, b) porque se ha negado de antemano la posibilidad de la transformación. Por ello hay que diferenciar en la teoría crítica de la educación las dos modalidades que puede asumir la crítica. Una como simple negación, y otra como negación que muestra el déficit de racionalidad y al mismo tiempo devela las tendencias a la emancipación que la hacen viable. Por ello este modelo de crítica reformula la estrecha vinculación entre teoría y práctica sin renunciar nunca a la aptitud liberadora del saber.


Por el contrario, mucha de la producción teórica en el campo educacional adolece de un enfoque emancipatorio y esto tiene algunas consecuencias explícitas: a) la teoría se convierte en auto-referencial; b) se contenta con un análisis descriptivo de lo educacional en el contexto social dado; c) reduce su responsabilidad científica y académica a la descripción de lo observable; d) concluye en la inevitabilidad de la reproducción de la desigualdad y la injusticia, o por lo menos, en la imposibilidad de la educación para contribuir con esa transformación. Por ello en la teoría tradicional de educación, bien que contemporánea, cuando se habla de pensamiento crítico ya no se habla de emancipación social, la crítica está restringida a la negación, o a la resistencia contra lo existente declarándose impotente para pensar lo porvenir. Resulta obvio que en la órbita del pensamiento político-pedagógico esto tiene consecuencias que pueden evaluarse rápidamente como un vaciamiento tecnocrático del discurso educacional.


Esta limitación acaba convirtiendo a la pedagogía en un saber de tipo instrumental, que encuentra en lo que denomina "realidad" las restricciones del propio pensamiento, siendo la teoría una interpretación de lo dado que no puede aspirar, o ha renunciado, a transformar la realidad. Por ello un enfoque descriptivo en el campo del pensamiento pedagógico-crítico acaba en una utopía racionalmente insustentable.


La acción educativa es una práctica social cuyo objetivo se instala en el futuro. El niño o el joven no se educa para hoy sino para una comunidad por venir; aún el adulto se forma para una comunidad que aún no es. Esto implica pensar una dirección que busque la superación del presente analizando las huellas de transformación que en él se encuentran, porque la perspectiva de emancipación está apenas como "indicio" o "tendencia" situada en el presente. Las categorías conceptuales, la estrategia de exploración y de análisis posterior serán las que, en último término, permitan pensar críticamente teniendo como norte el ideal de la emancipación social.


No obstante, desde el punto de vista de la teoría social crítica, la relación entre teoría y praxis está constantemente recolocándose por el objetivo de convertir el saber en acción emancipatoria. En un sentido político-pedagógico esto implica constituir a la pedagogía en un saber que simultáneamente es producto y parte del debate social de su tiempo. No puede ser ajena al campo educacional, y sobre todo a la teoría de la educación, la orientación que debe imprimirse a la transformación social.


Ahora bien, esa participación en el debate político-público no puede hacerse sin un adecuado diagnóstico del tiempo presente, en ese sentido la teoría social latinoamericana y la teoría de la educación en especial, precisan de una actualización que dé cuenta de la realidad contemporánea. Podríamos decir que algunos viejos temas como el papel del Estado en educación, la educación pública estatal, la inversión en educación, las orientaciones técnico-profesionales deben ser debatidos hoy en América Latina superando el paradigma del neoliberalismo que imperó en los años ´90.


Nuestra tarea se coloca en la perspectiva de reconstruir una teoría crítica de la educación, lo que nos obliga a recuperar gran parte de la tradición moderna, desde la capacidad de diálogo e interpretación que la Teoría crítica de la sociedad puede realizar; pero también, incorporando las sugestivas profundidades con que el pensamiento latinoamericano puede enriquecer el debate. Esta presentación intenta dar cuenta del posicionamiento teórico político y de las problemáticas que creemos necesario abordar y profundizar desde una perspectiva filosófico pedagógica. Pero por sobre todo es, en el sentido más moderno y cada vez menos frecuente en el debate académico universitario, un manifiesto sobre lo que entendemos por educación.